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Bernhard, SCHLINK, El lector PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Eduardo Aguilar   
Lunes 09 de Enero de 2012 10:00
bernhard-schlink-el-lector-1México, D.F.- Cuando una novela se califica de "delirante" es porque en la experiencia estética se ha plasmado la duda de si los hechos narrados son ficticios o verdaderos. El calificativo no resulta afortunado; pero, se aproxima al estupor causado por la sorpresa de los hechos descritos.


Historia y literatura
La fortuna del texto de Bernhard Schlink, El lector, es que incide sobre un conjunto de hechos reales sin derivar en el panfleto, y sin tornar inaccesible el registro léxico. Desde que se inicia la lectura, uno realiza contacto con una narrativa magistral e impecable, que deriva en un control certero de las variables del texto.


La novela conduce sin ardides a las situaciones resolutorias de la historia (y quizá sea este su principal recurso, su develado ardid). El primer contacto sexual de Hanna Schmitz y Michael Berg es tal como lo desea y lo indica las más ardiente de las fantasías sexuales de un adolescente como de un(a) adulto madur(a). (Berg frisaba los 15 años; Hanna, los 36.)

Ese primer contacto es directo, sin ambages, sin culpas; en él no median convencionalismos sociales o morales. Por eso es potente, tumultuoso, jadeante. Se repite cuantas veces la erección de Berg lo permite; y es, a la vez, tolerante. Se realiza sin argucias, es ingenuo. Es limpio. Los que devienen corresponden al punto de equilibrio entre el ritual y la potencia; hasta que de cuajo, terminan.


El juicio
bernhard-schlink-biografia-fotoLa segunda parte de la novela corresponde al juicio de Hanna Schmitz. Y corresponde, también, al juicio de Michael Berg. Ella está siendo enjuiciada, y él somete a juicio a una sociedad que ha encontrado como único camino para la expurgación de sus fantasmas históricos, la expiación en seres rutinarios que no comprenden, bien a bien, su responsabilidad en la causalidad de los hechos que se les espetan.

Ambos, pero, sobre todo, el amor, resultan condenados. El recurso literario es brutal; recordé la violación que sufre cuando joven, la "Doña Bárbara" de la novela de Rómulo Gallegos.


Amor y muerte
En la tercera parte no existe concesión con el lector. En ella ocurre la doble ejecución de la condena. Michael Berg no puede volver a amar como amó a Hanna; y ésta, desde la cárcel, "consagra" su cuerpo a su Lector, a aquél que a los treinta y seis años le devolvió la vida.

El desenlace es descarnado y brutal, terrenal: lo que el amor unió sólo al muerte puede separarlo. En tal sentido, la novela resulta en una actualización clásica de la novela romántica: amor y muerte entrañablemente entrelazados.

Al final, al cerrar el libro, la narración concluye intempestiva; pero no existe nada más de qué hablar. Está dicho todo. Vida y muerte es así: nos dejan siempre con un "palmo de narices".


En este punto inició para mí el "delirio": aquél, el autor real, el que ejerce en la realidad como juez, ¿es el mismo joven abogado que en la ficción se niega a ejerce como tal? ¿Es, pues, parte de su autobiografía o simplemente nos ha roto el corazón con una magistral obra literaria?

No sé si valga la pena saberlo. Recomiendo que se reserven el placer de una doméstica venganza: leer el libro de un tirón.

La experiencia es idéntica a la caída libre de cuando no se abre el paracaídas, y sorprenderse en el instante siguiente caminando desolado por una tersa pradera.


Ficha bibliográfica
Bernhard, Schlink, El lector. Tr., Joan Parra Contreras. Editorial Anagrama. Colección Panorama de narrativas, sexta edición, Barcelona, 2000.

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