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Kenzaburo Oé, Arrancad la semillas… PDF Imprimir Correo electrónico
Miércoles 08 de Febrero de 2012 17:00
México, D.F.- La vida tiene sus propios olores. La muerte, los suyos. Seguimos unos. Huimos de los otros. La orfandad es la muerte en vida, y apesta: Kezaburo Oé, Arrancad la semillas, fusilad a los niños.
¿Qué ocurre cuando se mata a un niño?, es la pregunta del Nobel japonés de literatura 1994.


La aldea de la muerte
Un grupo de niños de un reformatorio es evacuado de su lugar original hacia un lugar más seguro. En las aldeas que encuentran a su paso son tratados peor que proscritos. Los albergan en los templos, en los graneros y en los almacenes.

La primera avanzadilla se ve obligada a pernoctar en una de esas aldeas (no tiene nombre en la novela). En ese momento, ocurren una serie de muertes de animales y de algunas personas que la población se las atribuye a una epidemia.


Los pobladores buscan refugio en la aldea cercana y dejan al grupo de niños entrampados en la aldea. Entiéndase, sin cobijo, sin comida, sin agua; y con un vigilante armado cuidando de que no salten la barricada.
Durante cinco días que dura la ausencia de los campesinos, los niños disfrutan de la libertad.

Prorrumpen en las casas y toman los alimentos disponibles; entierran a los muertos; cazan y celebran el rito de la cacería; reciben al soldado desertor. Se aman.

El líder del grupo busca la ayuda que le ofreció el médico de la aldea hacia donde han ido los campesinos. Encuentra brutalidad y amenazas.


A su regreso, los campesinos los someten a juicio sumario por los estropicios. Acusándolos, lavan su culpa de haberlos abandonado. Saben que las autoridades irán a buscar a los huérfanos. Ganan el silencio del grupo con el soborno: silencio por silencio, más un poco de comida. El grupo de niños se somete, menos su líder.

El líder, que tampoco tiene nombre en la novela, se rebela, los denuncia durante el juicio, los enfrenta con valentía, les escupe la comida. Se gana el destierro que ocurre durante la noche, perseguido por el herrero armado con una varilla de hierro...


Una noticia
Kenzaburo Oé acaba con el mito del campo idílico, y del campesino bueno. El siglo veinte inauguró, como lo dejó claro Hosbawm, la era de la brutalidad y de la indiferencia ante las víctimas de la guerra, directas o indirectas. El contexto de la novela, el general, es el tiempo previo a la Declaración de los Derechos Humanos. Asómese. Pero asómese, también, al mundo.


Ficha Bibliográfica
Kezaburo Oé. Arrancad la semillas, fusilad a los niños. Biblioteca del Viajero, ABC, Ediciones Folio, España, 2004.

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